Ataque de pánico nocturno: posibles causas

ataque de pánico
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Posiblemente la primera vez que se produce un ataque de pánico nocturno resulte difícil de identificar, ya que los síntomas se parecen a los de un ataque de ansiedad y se suelen confundir. En este artículo vamos a intentar explicar las posibles causas por las que se producen este tipo de ataques de pánico y como podemos tratar de evitarlos.

Los ataques de pánico nocturnos aparecen de forma súbita, sin desencadenante aparente durante la noche, siendo su naturaleza la misma que la del ataque de pánico (únicamente cambia el momento del día). Lo primero que se percibe son los síntomas fisiológicos por su mayor intensidad, sintiéndolos como desagradables y abrumadores, parecidos a los de un ataque al corazón.

¿Cómo se si lo que sufro es un ataque de pánico?

Los ataques de pánico nocturno se caracterizan por un despertar abrupto con sensación de angustia y de que algo malo va a ocurrir de forma inminente. Se acompaña por los síntomas también presentes en un ataque de pánico diurno, como son:

  • Palpitaciones: golpeteo del corazón y aceleración de la frecuencia cardiaca.
  • Sudoración con temblor y sacudidas.
  • Dificultad para respirar, sensación de ahogo, asfixia, o hiperventilación.
  • Dolor y/o molestias en el tórax o abdomen.
  • Sensación de mareo con inestabilidad, vértigo, aturdimiento o desmayo.
  • Escalofríos o sofocos.
  • Parestesias: sensación de entumecimiento o de hormigueo.
  • Desrealización: sensación de irrealidad o despersonalización (separarse de uno mismo).
  • Síntomas cognitivos: Miedos a perder el control, a volverse loco o a morir.

A pesar de que parecen “interminables” para el que los vive, suelen durar unos pocos minutos aunque puede llevar un tiempo calmarse y poder conciliar de nuevo el sueño.

Suelen aparecer en la fase no-REM, paradójicamente cuando nos encontramos más tranquilos. Rara vez se producen de forma aislada y suelen acompañar a un cuadro de ansiedad que también se manifiesta durante el día, se dan en un 10% de quienes padecen ansiedad, aumentado la frecuencia a 65% en las personas que padecen algún desorden de pánico.

Cómo se debe actuar frente a un ataque de pánico por la noche

Es crucial hacer frente a los ataques de pánico nocturnos, ya que, quienes los experimentan suelen desarrollar otro tipo de patologías como ansiedad o conductas de evitación (irse a dormir tarde, evitar dormir para que vuelva a suceder, dormirse sentados viendo la televisión, etc.) que pueden empeorar más el cuadro de ansiedad.

Tras un ataque de pánico nocturno, primeramente hay que disminuir la sensación somática abrumadora calmando la mente, para ello se debe centrar la atención fuera y tratar de visualizar otras situaciones (un lugar seguro, momento agradable o gracioso, etc.) para atraer a la mente, así como controlar la respiración (respiración profunda, consciente, etc.).

Es recomendable levantarnos y hacer alguna tarea rutinaria no estimulante como fregar platos, cepillar el cabello o acariciar a nuestro animal, ya que serían contraproducentes actividades que activen nuestro cerebro y requieran de gran concentración.

Es importante aprender técnicas de relajación tanto para el momento en el que se sufre el taque de pánico nocturno, como para el momento de volver a la cama. Se debe volver a la cama sólo cuando uno se sienta listo para poder seguir durmiendo, si todavía se tiene demasiada energía es conveniente realizar alguna tarea aburrida que le provoque sueño o actividades que funcionen como transición como ejercicios de relajación para inducir tranquilidad.

Posibles causas por las que se pueden tener ataques de pánico

Es conveniente acudir a un médico para descartar posibles causas médicas como pueden ser apnea o desregulación de la glándula tiroides, ya que estas enfermedades pueden simular los síntomas de un ataque de pánico nocturno.

Una vez descartadas éstas, la causa más probable del ataque de pánico nocturno serán razones emocionales/psicológicas por lo que se debería dirigir a un psicólogo y averiguar el origen de nuestra ansiedad y detonantes de ella, ya que la mejor respuesta se basa en la aceptación y observación de uno mismo y esto rara vez se consigue sin la ayuda de un profesional.

Éste nos puede enseñar técnicas y herramientas para gestionar las situaciones angustiantes que nos llevan a sufrir estrés. La terapia online está recomendada para el tratamiento de la ansiedad y se ha demostrado su efectividad, por lo que no hay excusa para no buscar un buen tratamiento.

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Factores de riesgo

Aunque no se sabe con certeza cuál es la causa de los ataques de pánico nocturnos, se proponen algunos factores posibles como, predisposición genética a padecer un trastorno de ansiedad unido a factores ambientales, estar atravesando por un momento de estrés o ciertos cambios que se producen en la comunicación del cerebro (neurotransmisores).

En algunos casos son secundarios a alguna afección preexistente (trastorno del sueño, apnea, reflujo o alteraciones de la glándula tiroides, entre otros) que pueden provocar síntomas similares y derivar en despertares nocturnos tan violentos como un ataque de pánico nocturno.


No todos tenemos las mismas posibilidades de sufrir este trastorno de pánico, las personas más susceptibles son aquellas que ya sufren ataques de pánico, las que están atravesando por situaciones de gran presión psicológica y emocional, las que sufren desregulación de la glándula tiroides, sufren apnea y las personas que acaban de vivir un evento traumático, como la pérdida de un ser amado.

¿Cómo combatir un ataque de pánico?

Como “más vale prevenir que curar” si se padece de ansiedad o estrés, trataremos de llevar una vida activa para combatirlos, ya que el ejercicio es buen regulador de estos ataques de ansiedad y del sueño. La danza, la natación o caminatas son actividades físicas relajantes, aumentando su poder relajante si se realizan en la naturaleza.


Si los ataques se deben a alguna condición médica bastará con ponerle solución a ésta, si, por el contrario se debe a una condición psicológica, o se ha desarrollado de forma secundaria a esta condición médica ansiedad anticipatoria y/o conductas de evitación (no querer dormir, acostarse tarde o con ansiedad ante un nuevo ataque, por ejemplo) se pueden combatir con la terapia cognitivo-conductual, los medicamentos o una combinación de ambos.

Los medicamentos únicamente palian los síntomas y habrá que ir al núcleo del problema para solucionarlo aunque éstos pueden ayudar a que la ansiedad disminuya para empezar el trabajo psicológico.

Es muy útil trabajar las normas de higiene del sueño para reestablecerlo cuanto antes, ya que la privación de sueño empeora el cuadro de ansiedad. Se deben evitar la ingesta de bebidas estimulantes a partir de las 6, realizar técnicas de relajación, utilizar la cama únicamente para dormir, entre otros, sobre todo en los casos en los que se evita dormir ante la posibilidad de sufrir un nuevo ataque de pánico nocturno, ya que este miedo aumenta la ansiedad y ésta la posibilidad de sufrir un nuevo ataque.

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