Hafefobia: Miedo al contacto físico

Cuando hablamos de fobias, nos referimos a un miedo desproporcionado e irracional ante situaciones concretas. Genera un malestar intenso en las personas que lo sufren, llegando a desarrollar problemas emocionales y sociales.

En concreto cuando nos referimos al término Hafefobia, hablamos de un miedo intenso e irracional a tocar o ser tocado, por las consecuencias que esto pueda conllevar, como miedo a la contaminación, a enfermar o incluso a la muerte.

Desde que empezó la pandemia en 2020 está habiendo un auge de esta fobia por miedo al contacto físico debido al contagio del COVID-19 que conlleva consecuencias graves en personas mayores, principalmente, o incluso la muerte. Al igual que se observa el auge en otras fobias como la fobia social, agorafobia o el síndrome de la cabaña, es decir, miedo intenso a salir a la calle tras un periodo prolongado de tiempo en un espacio aislado o cerrado, justificado en la mayoría de casos tras el confinamiento en los meses de marzo y abril de 2020.

Esto surge, como mecanismo de defensa ante esta situación que emocionalmente etiquetamos como peligrosa al haber un asilamiento social y mensajes continuos relacionados con el contagio del virus en un periodo de tiempo prolongado. Conlleva la aplicación de medidas preventivas muchas veces llevadas al extremo al hacer un lavado de manos, chocar objetos con los codos, no abrazar a los miembros de la unidad familiar…

Una parte de la población que más preocupa es la población infantil. Los niños y los adolescentes necesitan mucho mas contacto físico y social que el resto de la población. Los niños, especialmente los más pequeños, necesitan experimentar tocando. A través de las diferentes texturas y manipulando, aprenden el mundo que les rodea. Ante la situación actual, no solo no les permitirnos esto sino que además aplicamos una penalización si lo hacen, e inevitablemente va a provocar consecuencias a nivel emocional. Para que la carencia no sea tan evidente podemos intensificar el afecto y contacto físico en casa y con los familiares más cercanos, y permitir que experimenten en lugares controlados y seguros.

Al igual que ocurre con los adolescentes, en esta época es imprescindible el contacto social con iguales, ya que empiezan a identificarse y comprender quienes son, a sentirse más adultos y a la vez no dejan de ser niños y, a nivel emocional, es fundamental un apoyo social con el que sentirse identificado.

Para conocer las consecuencias reales, debemos esperar y ver como nuestro cerebro analiza y comprende esta nueva realidad y ayudar a que en un futuro, cuando las cosas vuelvan a estar como lo eran antes, que vuelva a ser todo igual y no aprender a convivir sin esta parte de contacto físico y afecto que es fundamental para nuestro desarrollo emocional y personal.

Respecto a la tercera edad, esta fobia puede presentarse de manera más elevada ya que muchas de estas personas conviven solas y han llevado un confinamiento en soledad. Vemos muchas personas mayores que no han conseguido salir de casa desde que empezó la pandemia por miedo irracional a morir, y esto, conlleva graves consecuencias emocionalmente hablando.

Debemos prestar atención a esta área y evitar que la situación actual nos arrastre a un estado de aislamiento provocado por el miedo que no es sano para el desarrollo del ser humano.

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