Trastorno delirante: qué es, sintomatología y cómo tratarlo

Trastorno delirante
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El trastorno delirante, también conocido como paranoia, es una condición psiquiátrica poco común pero intrigante que afecta la percepción y la interpretación de la realidad de quienes lo padecen. Las personas con trastorno delirante experimentan creencias persistentes y infundadas, conocidas como delirios, que se mantienen a pesar de la evidencia contradictoria. Estos delirios pueden involucrar ideas persecutorias, de grandeza, celos o referentes a la salud. A lo largo de este artículo, exploraremos los síntomas, las causas y las posibles opciones de tratamiento para este trastorno, brindando una comprensión más profunda de esta condición mental intrigante y desafiante.

El Trastorno Delirante, anteriormente conocido como Paranoia, comprime un grupo muy heterogéneo de trastornos cuya principal manifestación es el delirio; se ha descrito como un sistema de pensamiento elaborado, intrincado y complejo, basado en la mala interpretación de un hecho real, y suele derivarse de forma lógica a partir del suceso concreto. Estas falsas creencias pueden ser cosas comunes que sí podrían ocurrir, como ser engañado por la pareja, o cosas improbables, como que a una persona le extirpen órganos sin dejar ni una cicatriz.

No hay alucinaciones, y si las hubiese, están relacionadas con el tema delirante, como las alucinaciones táctiles u olfatorias; además, no hay alteraciones en el lenguaje o en el pensamiento, y no conlleva un deterioro de la personalidad del paciente.

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Tipos de trastorno delirante

Se habla de diferentes tipos de Trastorno Delirante, como puedan ser:

  • Síndrome de Cotard o delirio nihilista, donde el paciente cree que ha perdido sus posesiones y, además, sus vísceras, corazón, sangre…

  • Delirios de control, donde se cree que los propios pensamientos y actos están controlados por una fuerza externa y no son propios.

  • Delirios de referencia, en los que el paciente considera que los acontecimientos, objetos o personas a su alrededor toman un significado especial.

  • Delirios depresivos, donde el paciente está convencido de su visión pesimista, tanto de uno mismo, del entorno o del futuro.

  • Síndrome de Capgras o Ilusión de Sosias, en el que el paciente cree que una persona del entorno familiar o social ha sido sustituido por otra persona físicamente exacta.

  • Síndrome de Fregoli, que es una variante del anterior, y donde el paciente considera que personas que no conoce son, en realidad, personas que conoce y le persiguen; considera que ambas personas son físicamente idénticas, a pesar de ser distintas.

  • Delirio erotomaníaco o Síndrome de Clerembault, donde las ideas delirantes hacen referencia a que otra persona, generalmente de un estatus superior, está enamorado del sujeto.

  • Delirio de grandiosidad, ideas donde la persona se atribuye un valor exagerado, poder, conocimientos o una relación especial con una divinidad o personajes famosos.

  • Delirio celotípico o de Otelo, en el que la persona piensa que su pareja le es infiel.

  • Delirio persecutorio, cuando la persona o alguien próximo está siendo perjudicado de alguna manera, o piensan que son objeto de una conspiración o están siendo espiadas. Este subtipo es el más frecuente y, con muy poca frecuencia, la persona que lo padece recurre a la violencia como represalia.

  • Delirio somático, que es cuando la persona cree que tiene algún defecto físico o una enfermedad médica.

Síntomas del trastorno delirante

Los síntomas del Trastorno Delirante se componen de ideas delirantes, que no son extrañas, por ejemplo, que implican situaciones que ocurren en la vida real, como ser seguido, envenenado, infectado, amado a distancia o engañado por el cónyuge, o tener una enfermedad, y, por lo menos, tienen un mes de duración.

A diferencia de la esquizofrenia, los delirios son muy estructurados y complejos y la personalidad previa del paciente era, probablemente, paranoide. A pesar de que haya pruebas que contradigan claramente el delirio, la persona sigue creyéndolo firmemente como verdadero. No hay presencia de alucinaciones, a no ser que estén estrechamente relacionadas con la idea delirante, como con la idea de estar siendo envenenado, donde pueden aparecer alteraciones perceptivas en el sabor u olor de la comida.

El comienzo de la enfermedad se da en torno a los 35-55 años, aunque puede aparecer antes, y su curso es muy variable, normalmente insidioso, se va forjando durante años, y suele ser de carácter crónico. Las personas con trastorno delirante suelen funcionar relativamente bien, excepto cuando sus delirios específicos causan problemas en algún ámbito de su vida, por ejemplo, en la relación de pareja, amistades o trabajo.

Tratamiento

En cuanto al tratamiento del Trastorno Delirante, puede resultar difícil debido a la creencia firme del delirio y hace que la persona no tenga conciencia de enfermedad, por lo que se niegan a buscar ayuda. El pronóstico mejora cuando se establece una buena relación entre el psicólogo y el paciente, con terapias psicológicas orientadas a mejorar la capacidad introspectiva y conciencia de enfermedad y adherencia al tratamiento, y se desvía el foco atencional del paciente hacia una idea más constructiva y racional, orientando a la persona hacia la realidad. El trabajo a nivel emocional también es relevante, pues cuando hay estrés y se da una desregulación emocional, pueden aparecer síntomas afectivos o riesgo suicida comórbido.

Algunas veces, será necesario requerir de un tratamiento coadyuvante a nivel farmacológico, con antipsicóticos, para la reducción de los síntomas, y, en raras ocasiones, es necesaria una hospitalización cuando se estima que la persona puede resultar un peligro para sí misma o los demás.

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