La ira, qué es y cómo tratarla

Cómo controlar la ira
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La ira es una reacción emocional que podemos experimentar ante un resultado que no esperábamos y que no entra dentro de nuestros intereses. Solemos atribuírla a la actuación de otras personas, y que tiene como consecuencia no conseguir nuestros objetivos o cubrir nuestras necesidades. Su intensidad puede variar entre una irritación moderada, hasta una furia desproporcionada.

¿QUÉ ES LA IRA?

La ira es una emoción básica o primaria, esto significa que se encuentra de forma innata. Está presente en casi todas las culturas y especies, con lo que la dota de un carácter adaptativo. Se produce cuando creemos que nosotros u otra persona cercana está en riesgo. Sus principales funciones son de autoprotección, a uno mismo o de algún ser o bien querido; de regulación interna y comunicación social.

Aunque la ira tiene su función adaptativa y tiene una duración breve, de escasos segundos, produce consecuencias tanto fisiológicas como cognitivas, que en exceso puede llegar a ser perjudicial para el individuo.

La ira a nivel fisiológico

A nivel fisiológico, la ira se caracteriza por aumento del ritmo cardiaco y elevación de la presión arterial. Diversas investigaciones han señalado que la expresión de la ira y la hostilidad, pueden jugar un papel en la aparición de trastornos como la hipertensión, la enfermedad coronaria, o incluso el cáncer.

Consecuencias de la Ira

Aunque sentir y actuar con ciertos niveles de ira puede llevar emparejados ciertos beneficios, como conseguir finalmente aquello que nos habíamos propuesto o pensábamos que nos merecíamos obtener, o defendernos ante los ataques de otras personas; también nos puede causar algunos perjuicios, especialmente cuando la expresamos de manera inapropiada.

A los efectos sobre la salud, debemos añadir el impacto negativo que puede tener en nuestras relaciones con los demás, las posibles consecuencias en las normas sociales en nuestro entorno, así como en nuestro rol en la sociedad como individuos.

En el otro extremo, la tendencia a no expresar nunca la ira o el enfado, puede ser indicativo de actitudes excesivamente evitativas y/o negadoras sobre la realidad de los acontecimientos.

Hablamos de baja tolerancia a la frustración en el caso de personas propensas a enfadarse. También encontramos personas que a pesar de no mostrar su ira gritando, parecen encontrarse en un estado constante de irritación y mal humor.

¿Qué nos provoca la ira?

Experimentamos ira cuando se produce un bloqueo, que nos imposibilita conseguir una meta que nos habíamos planteado o habíamos dado por hecha. En un primer momento, la ira nos predispone a responder de manera agresiva ante la situación que la ha provocado, aunque finalmente la forma en que respondamos va a depender de factores individuales, como aprendizajes pasados ante esta situación, estrategias adquiridas, el marco que nos proporcione nuestro entorno social, y también factores genéticos.

Por lo tanto, el control de la ira puede ser aprendido y entrenado. Al igual que podemos “desaprender” comportamientos hererados.

Estrategias para controlar la Ira

  • Buscar la causa del enfado: es importante tomar conciencia de las situaciones, conductas o circunstancias que nos desencadenan la ira. Así trabajar con los pensamientos que nos inundan y por ejemplo utilizar la técnica de detección de pensamiento.
  • Trabajar la empatía: ponernos en el lugar del otro y no solo en nuestra posición o creencia, ayuda a tener una relación más satisfactoria y relajada.
  • Practicar técnicas de relajación: como la respiración profunda o la relajación muscular progresiva.
  • Evita situaciones que te provoquen ira: una vez detectadas las causas del enfado, intentar poco a poco ir evitando estas situaciones cuando no puedan manejarse o dependan de agentes externos, que no podamos controlar.

Tratamiento psicológico contra los ataques de ira

Desde la psicoterapia cognitivo-conductual, se pueden diferenciar cuatro clases de intervenciones basadas en evidencia científica.

Intervenciones en relajación, centrándose en los componentes emocionales y fisiológicos de la ira.

Intervenciones cognitivas, centrados en los procesos cognitivos como las evaluaciones y atribuciones hostiles y creencias irracionales.

Intervención en habilidades de comunicación, enfocadas en la asertividad y en la resolución de conflictos.

Intervenciones combinadas, las cuales juntan dos o más intervenciones, dirigidas para un múltiple dominio de respuestas.

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